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jueves, 8 de octubre de 2009

Mi confrontación con la docencia

Originalmente soy Licenciada en Turismo, carrera que concluí en el año de 1995, recuerdo haber invitado a mi graduación a ex compañeros de la preparatoria, entre los cuales se encontraba uno que en aquel entonces trabajaba para el COBACH, y que a los pocos días me llamó para decirme que necesitaba para “ya” una docente de Inglés en una escuela ubicada fuera de la ciudad.
No había mucho que pensarle, ni tiempo para hacerlo, las oportunidades se presentan una sola vez en la vida y fue así como incursioné en este medio.
Contaba en ese entonces con casi 22 años y tenía a mi cargo alumnos que en apariencia consideraba mayores (alumnos con barba y bigote y alumnas que ya eran madres de familia), y ni que decir ante mis compañeros docentes.
Eso de entrada fue algo complicado, ya que ciertamente en mi caso, juventud e inexperiencia iban de la mano, confieso que hubo días en que pasó por mi mente no regresar. La distancia, el horario, etc. Y es que en este trabajo no se puede estar improvisando, hay que tener una buena planeación de lo que vas a hacer y cómo lo vas a hacer, tener dominio del grupo, atraer la atención de tus alumnos, etc., etc., etc.
En lo personal el hecho de haber sido docente de Educación Media Superior fue una buena experiencia en mi vida que me dejó buenos amigos que ahora veo desenvolverse en el ámbito laboral exitosamente, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.
Para ser maestro debe contarse definitivamente con vocación de servicio, y asumir un compromiso con tan noble profesión. Honestamente no creo que hubiera podido aguantar más tiempo desempeñándome como docente, tengo que reconocer que no tuve vocación para serlo y no me siento mal por eso, ya que por mi mente nunca pasó la idea de ser maestra, aunque el tiempo que duro quedará para la historia como una fuente de lección en mi vida y mi quehacer profesional.
Considero que la formación de los individuos se da en la familia y en la escuela básicamente, aunque en mi opinión la que más importancia tiene en nuestros días es la que se da en la escuela, ya que ahora es muy común que ambos padres salgan a trabajar para obtener mayores ingresos que les permitan elevar su calidad de vida, descuidando en muchos de los casos la educación de los hijos y queda en manos de los maestros esta tan delicada responsabilidad.

¿Cómo percibo mi docencia?


El presente ejercicio me parece realmente interesante. Cuando en la vida alguna situación nos obliga a hacer un alto en el camino para poder mirar atrás y analizar nuestras acciones, sin duda que es algo que debe valorarse y agradecerse, pero sobre todo aprovecharse. Mal haríamos en negar o dejar de reconocer nuestras fallas, omisiones, frustraciones o lo que resulte, pero también rescataremos o descubriremos nuestros aciertos, cualidades, proyectos y valores personales que nos colocan en el lugar que ocupamos en nuestras vidas.
Permítanme compartir con ustedes la percepción sobre mi docencia durante el tiempo que la asumí, ya que recordarán que actualmente me desempeño como Subdirectora Académica, aunque mi incursión en el sector educativo fue como docente de la asignatura de Inglés.
Cuando tomé la decisión de ser docente, mi primera y única idea confieso que fue: -Será al estilo “Angelito”. Maestro que en mi época de estudiante de preparatoria llegué a detestar, y al cual a partir de ese momento comencé a apreciar y a reconocerle su gran labor.
Para mí un día de clases iniciaba con el saludo y obligado pase de lista que disfrutaba mucho, ya que haciéndole honores a ese gran maestro, le “copié” tan singular manera de de hacer algo que en ocasiones resulta para otros como una gran pérdida de tiempo, en una oportunidad de conocer y aprenderme los nombres de mis alumnos.
Acto seguido señalaba el tema y los objetivos del mismo, para posteriormente comenzar a desarrollar el tema y al final me apoyaba en ejercicios para se comprendiera su uso y aplicaciones
He de reconocer que el “método” que aplicaba era básicamente la imitación de ese maestro en particular, y lo describo a continuación:
Posterior a la explicación del tema, había “Desfile de estrellas”, que para los “mataditos” del grupo resultaba una oportunidad para brillar, pero para aquellos que al igual que yo, la Física resultaba imposible de digerir era motivo de angustia y preocupación.
Ese desfile de estrellas se convertía en mi peor pesadilla al escucharle decir: -A ver chamaca Claudia pase al pizarrón.
Ya al frente y ante aquel problema que me resultaba imposible de resolver, se aparecía junto a mí “El Angelito”, que me señalaba paso a paso el procedimiento y frente a mis ojos lo increíble, el tan ansiado resultado, pero sobre todo el reconocimiento que te da aquella seguridad de que puedes hacer las cosas.
Y en mi experiencia puedo decirles que el éxito o fracaso del mismo, dependía de los integrantes del grupo, ya que mientras en unos se despertaba un gran interés por participar en la resolución de los ejercicios (aún y a pesar de que no fueran muy acertadas sus participaciones, pero se notaba un ambiente de respeto y compañerismo, incluso hubo peticiones como: -Maestra páseme para que yo lo entienda). Mientras que en otros grupos fue frustrante ver la indiferencia al no encontrar eco en mis palabras.
Bien, pues ese era el método que aplicaba y que mayormente requería de herramientas tan elementales como el pizarrón, gis y borrador, y para los alumnos las antologías que se realizaban en el marco de las Reuniones de Academias. La meta era cubrir al 100% los contenidos programáticos para evaluarlos posteriormente a través de exámenes departamentales de opción múltiple.
Esta compañeros es la manera en que percibo mi docencia.